Participé hace un tiempo en un taller internacional sobre branding y marca personal, orientado principalmente a emprendedoras. La oradora principal era enérgica y no nos dio respiro. “Hay que creerse el cuento para triunfar”, repetía, “envolver al otro con tu relato, eclipsarlo con tu venta. Mostrar lo cabrona que eres”. Salí más angustiada que motivada, porque en ese momento sentí que debía poner encima de quién era, características que no me pertenecían ni me hacían sentir cómoda. ¿Debo ser la cabrona del fundo, la señora de la querencia, para que mi emprendimiento resulte?, me pregunté en ese momento. Tiempo después, algunas reflexiones:
- La marca personal… es personal. Surge del autoconocimiento, de identificar lo que puedes mejorar y potenciar de tu propuesta de valor. Pero, por sobre todo, es auténtica. La marca personal se fortalece, porque ya está construida según quién ya eres. Puedes ser todo lo que tú quieras, sin traicionarte.
- Puedes fortalecer tu propuesta de valor con una mejor comunicación. Puedes aprender técnicas y herramientas para que tus mensajes sean claros y lleguen de mejor forma a los públicos que para ti sean prioritarios. Son habilidades que se trabajan, sin contradecir tu esencia.
- Puedes ser estratégica en tus relaciones laborales, sin ser la protagonista de “House of Cards”. Puedes aprender a observar tu entorno, a escucharlo y aprovechar oportunidades, siendo empática y de risa fácil, al mismo tiempo que fuerte y decidida.
- Puedes liderar desde lo femenino, tal y como señala Tatiana Camps en uno de sus libros, con un estilo horizontal, honesto y disruptivo, con tu aporte único para cambiar el mundo.