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“Liderar a otros implica, en primer lugar, conocerse y liderarse a uno mismo”. Cuando escuché esto por primera vez, no le di importancia. Después de varios años en contextos laborales exigentes y masculinizados, venía armada hasta los dientes, con mi caja de herramientas bien afirmada entre las manos y libretos probados, que creía estaban funcionando. ¿Para qué desarmar ese campamento base, que por años me había servido?

La respuesta vino sola, después de tener a mi primer hijo, ese hito tan hermoso como desgarrador para todas mis creencias. Quería ser la mejor mamá y la mejor ejecutiva. Quería estar en todos los momentos, domésticos y laborales, arriba del mismo caballo de carrera que me había llevado hasta ese punto. Quería ser malabarista, la estrella del circo, y tras un tiempo lo resintió mi casa y mi equipo de trabajo. Tuve que “re-conocerme” para ejercer liderazgo con otros, en un viaje hacia dentro que aún no finaliza. Tuve que sacarme la armadura y elegir mis batallas. ¿Cuáles son las tuyas? ¿Las reconoces? ¿Cuál es la huella que quieres dejar? Te invito a descubrirlo, en un viaje hacia dentro, que te expandirá hacia afuera y te permitirá movilizar a otros hacia un propósito común.